La Comisión Europea ha adoptado una serie de recomendaciones destinadas a garantizar que todos los que participan en el diseño o la puesta en funcionamiento de tecnologías que utilizan microprocesadores inteligentes respetan el derecho fundamental de las personas a la intimidad y la protección de datos, contenido en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea proclamada el 14 de diciembre de 2007.
Los microprocesadores inteligentes, una prometedora tecnología para el futuro, pueden simplificarnos la vida de muy diversas maneras. Estamos hablando de objetos cotidianos que de repente van a volverse inteligentes al ser conectados a una red e intercambiar información.
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Imagínense
un frigorífico inteligente que le informe de
que la leche ha pasado la fecha de caducidad o envases
inteligentes para alimentos que adviertan a los padres de
posibles alergias», ha dicho Viviane Reding, Comisaria
de Sociedad de la Información y Medios de Comunicación
de la UE. «La utilización de microprocesadores
inteligentes que permitan la comunicación entre objetos
tiene un claro potencial económico. Ahora bien,
la nueva tecnología no debe coger desprevenidos a los
europeos, y ése es el motivo por el que la Comisión
ha publicado hoy firmes recomendaciones dirigidas a la industria.
Los consumidores europeos deben tener la seguridad de que
cuando se trate de sus datos personales, su intimidad será
inexpugnable aunque cambie el entorno tecnológico.
Por consiguiente, la Comisión quiere que la tecnología
RFID permita a los consumidores controlar
la protección de sus datos, y esa será la mejor
manera de garantizar su éxito económico. No
hay que olvidar que la cuota de mercado europea en el mercado
mundial de los microprocesadores inteligentes llegará
al 35 % en los próximos ocho años.
Los microprocesadores inteligentes, o etiquetas
de RFID, pueden tener, y de hecho tienen ya, una
enorme repercusión en las actividades empresariales,
los servicios públicos y los productos de consumo,
desde una mayor eficacia del reciclaje y la asistencia sanitaria
hasta una disminución del tiempo que se tarda en los
peajes o en la recogida del equipaje en los aeropuertos. Con
el propósito de que Europa esté preparada para
estos cambios, la Comisión ha expuesto os siguientes
principios para proteger la intimidad y los datos cuando se
utilicen estas tecnologías:
Los consumidores deben poder controlar si los productos que
compran en las tiendas utilizan o no microprocesadores
inteligentes. Cuando compren productos que contengan
microprocesadores, éstos deberán ser desactivados
de manera automática, inmediata y gratuita en el punto
de venta, a menos que el consumidor pida explícitamente
que se mantenga operativo el microprocesador. Pueden hacerse
excepciones para evitar cargas innecesarias a los minoristas,
por ejemplo, pero sólo después de que se haya
evaluado la repercusión del chip en la intimidad.
Las empresas o los organismos públicos que utilicen
microprocesadores inteligentes deben dar a los consumidores
información clara y sencilla para que comprendan si
serán utilizados sus datos, el tipo de datos que serán
recogidos (como nombre, dirección o fecha e nacimiento)
y con qué fin. Deben proporcionar también un
etiquetado claro que identifique los dispositivos que «leen»
la información almacenada en los microprocesadores
inteligentes, así como un punto de contacto al que
puedan dirigirse los ciudadanos para obtener más información.
Las asociaciones y organizaciones de comercio minorista deben
facilitar que los consumidores reconozcan los productos que
contienen microprocesadores inteligentes mediante un signo
europeo común que indique si en un producto se está
utilizando uno de estos microprocesadores.
-Las empresas y los organismos públicos deben realizar evaluaciones de las consecuencias para la protección de datos y la intimidad antes de utilizar microprocesadores inteligentes. Estas evaluaciones, supervisadas por las autoridades nacionales de protección de datos, deben garantizar que los datos personales están seguros y bien protegidos.
En 2008 se vendieron en todo el mundo 2 200 millones
de etiquetas de RFID, como las que se utilizan
en las cabinas de peaje o para identificar contenedores de
transporte; aproximadamente un tercio de ellas se vendió
en Europa. Se calcula que el valor del mercado mundial de
las etiquetas de RFID fue de 4 000 millones
de euros en 2008 y que crecerá hasta alcanzar los 20 000
millones de euros para 2018.
«Con esta recomendación, los
industriales y distribuidores disponen de un marco para proseguir
o comenzar el despliegue de la RFID en beneficio
del consumidor», afirma Miguel Lopera, CEO de GS1. «A
pesar de que hubiéramos preferido una recomendación
que fomentase más el desarrollo, es muy importante
que la Comisión haya reconocido oficialmente los beneficios
de la RFID, presentando la adopción
de esta tecnología como una necesidad de la sociedad»,
concluye Miguel Lopera.
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